lunes, 3 de enero de 2011

La habitación de las desavenencias.

Empieza el día en la habitación de las desavenencias. La tuya y la mía, esa en la que nada coincide. Yo me levanto con el pie derecho y tu con el izquierdo. No coincidimos ni en la manera de saludarnos. A mi hoy me apetece desearte los buenos días y a ti no, o quien sabe quizás sea al contrario. Hasta que no crucemos las miradas no sabré cual sera mi actitud hacia ti durante el día de hoy.
No te gusta la ropa que llevo ¡Vaya por Dios!.
Ya me estas gritando que llego tarde. Me estresan tus gritos, bien lo sabes, y mas por la mañana temprano.
No hay mañana que no salga de esta habitación sin dar un portazo.
Ya en la puerta respiro profundo, huele a tranquilidad. Que bonito se ve el día desde el otro lado de la puerta ¡Luce el sol aunque llueva!
Camino hacia mi destino diario, saludo a todo el mundo con la sonrisa que merecen, esa que también deberías de merecerte tú, que no estoy segura de si te la mereces, la cosa es que no me apetece regalártela. Discurre la mañana y en ningún momento se me pasa por la cabeza pensar en ti ¿Para que estropear un bonito día?
Llega el momento de volver a la habitación y has tenido todo el día para pensar algo que haya hecho mal y echármelo en cara a gritos. Se ha convertido en una rutina esto de tirarnos los trastos a la cabeza.
Puede que vaya transcurriendo el día sin que nos dirijamos la palabra, o quien sabe, quizás lo hagamos pero solo sea para discutir.
Lo que si tengo claro es que tu presencia en esta habitación me incomoda. No se si la razón la tendré yo, si el que no tenga a todos conmigo automaticamente me convierte en la culpable, pero creo que tienes mucha responsabilidad en esa cosa que siento dentro que hacen que las paredes de esta habitación no vean mi sonrisa.
Nunca he sentido tu interés hacia mi, tampoco se si eres consciente. Y para cuando quieras darte cuenta, me habrán ocurrido mil cosas y tú no habrás estado presente en ninguna de ellas, ya no habrás dibujado sonrisas en mi cara porque otras cosas/personas las habrán pintado por ti. Para cuando quieras dejar de hacer lo que haces, quizás yo ya...simplemente...no estaré. Y es una autentica pena porque yo siempre había dicho-creído-afirmado, que tu nunca me ibas a hacer daño. Y odio equivocarme...No puedo decirte que te echo en falta, porque ya lo sabes, porque ya lo sé y porque no tiene sentido alguno. ¿Sabes? Ayer, cuando salí de esta habitación cometí un error y es que se me olvido cambiar mi cara triste por la alegre y alguien me dijo que volviera a sonreír, que no estuviera mal. Y yo pinté en mi cara la mas grande de las sonrisas porque esa persona siempre me dice que una sonrisa es algo precioso que ilumina las caras. Y ¿Sabes qué? Empiezo a creer que tiene razón. Hoy te vuelvo a repetir que no te puedo decir que te echo en falta, pero tampoco puedo decir que te guarde rencor. Lo único que pido, deseo y le confió a los astros es poder desaparecer de esta habitación de las desavenencias, donde nunca luce el sol.



                                                             
                                                                                                                                                                                                                                                             .                                                                                                                                                                                                                                                                                                                  

3 comentarios:

  1. Sin comentarios. Solo pienso que a veces esos gritos y estrés no nos permiten disfrutar y ver las cosas buenas que tiene la vida, que no son pocas

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  2. Te prometo que yo no te grito ¿vale? Tu a mi tampoco!

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