Toda mi vida no basta para reflejarme en la vuestra. Ya no me basta ni agradeciéndooslo, es poco, insuficiente, pésimo, que no me sirve.
Recuerdo cuando dormíamos en la misma cama como perritos acurrucados, mis pierna por encima de las vuestras y lo mejor, me sentía protegida. Nadie, nunca sabrá lo que siento por ustedes. Nunca, nadie entenderá el por qué se me anuda la garganta cada vez que os miro. Porque os quiero. Os quiero con toda mi alma. Sois tan importante para mí que no imagino mi vida sin ustedes. Cada día que no podemos vernos, me apuñalan por detrás los remordimientos y… efectivamente obligándome a mí misma he de ir a veros antes que el sol roze el suelo. No es obsesión, no. Es orgullo. Llevar vuestro nombre por bandera, recordar cada uno de vuestros gestos que hasta yo misma he plagiado por inercia, educar a mis futuros hijos con responsabilidad, amor y respeto. Conseguir mis propias metas sin codearme con nadie. Si es que… ser buena persona no cuesta nada, señores. Es más fácil llorar figurando ser víctima que sonreír y contagiarla con cualquier estupidez. Por eso, yo elijo siempre lo más difícil. Será por hache o será por be. O más bien será por las dos personitas a la que debo esta entrada.
Y es que lo que habeis hecho por mi ni lo sabe, ni lo entiende ni lo alcanzara nadie nunca. Gracias.
Rocío te felicito por tu nueva publicación, haces que los recuerdos dormidos en nuestra mente y no olvidados en nuestros corazones vuelvan a estar presentes. Que bello ha sido recordar a mi abuela sentada en su sillita de mimbre con su pelo recogido blanco como la nácar.
ResponderEliminarNo dejes de sorprendernos con tus artículos, sé que me pongo pesada pero deberías de escribir un libro. Gracias preciosa por ser como eres. Besitos chula.